Contradicciones de clase y democracia de nuevo tipo

Posted 16:19 by Ferran Fullà in Etiquetes de comentaris:

El poder del Estado es el objetivo central al que debe apuntar la lucha de todas las clases dominadas en España para mejorar radicalmente su situación. Pero las posibilidades de esas clases en lucha por el poder son muy desiguales, debido a la misma desigualdad que existe en sus condiciones de existencia. La situación de clase en las relaciones de producción, su peso numérico, la concentración o la dispersión de sus efectivos y sus tradiciones ideológicas y organizativas, determinan su fuerza potencial y sus limites en el enfrentamiento con la burguesía monopolista y su Estado.

Partiendo de los rasgos objetivos de cada clase en la actualidad y teniendo presente también su evolución histórica, sobre todo, en el siglo XX, se llega a la conclusión de que las contradicciones de clase más importantes en España son, en primer lugar, las que enfrentan a la burguesía monopolista y al imperialismo con el proletariado, con la pequeña burguesía y con la burguesía media; segundo, las que oponen la burguesía media y la pequeña burguesía al proletariado; y tercero, las que dividen en ciertos momentos a la burguesía monopolista internamente. Así, a efectos de la lucha política, grupos sociales como los funcionarios o los intelectuales e, incluso, el semiproletariado aparecen ligados a una u otra de las clases citadas más arriba o se dividen respecto a ellas.


Todos los grandes problemas económicos y políticos de España se reflejan en estas contradicciones de clase. En ciertas situaciones, cualquiera de ellas puede desempeñar un papel determinante en relación con las demás, como ocurrió, por ejemplo, en el intento golpe de Estado de febrero de 1981 que puso de manifiesto, en esencia, un choque frontal entre dos tendencias de la burguesía monopolista. Sin embargo, la oposición entre la burguesía monopolista y el imperialismo, por un lado, y el proletariado, por otro, es la contradicción principal, o sea, la que más influye por lo común sobre las otras contradicciones mientras el poder no cambie de manos en España. Así, por ejemplo, cuando el proletariado es capaz de oponerse activamente a la burguesía monopolista, las restantes clases encuentran un terreno más despejado para su propia acción y acaban movilizándose en defensa de sus intereses. Tal fue lo que ocurrió desde principios de los años 60 hasta mediados de los 70. En cambio, la lucha de la burguesía media o de la pequeña burguesía no suele producir el mismo efecto de arrastre respecto al proletariado, como se comprueba en estos momentos.

En la medida en que España no es ninguna colonia o semicolonia y que el imperialismo ejerce normalmente su opresión aprovechándose de la debilidad económica de la burguesía monopolista española, el proletariado se enfrenta principalmente contra esta clase. Ahora bien, aunque el imperialismo actúe como telón de fondo de la situación española, no debe excluirse que, en algún momento, pase a ser el factor decisivo. Del mismo modo que los reaccionarios de 1936 llamaron en su auxilio a los ejércitos fascistas, mientras existan el imperialismo y los consiguientes conflictos entre grandes potencias, España puede ser objeto de una agresión, y, en este caso, la potencia agresora y sus apoyos internos serían el blanco número uno en la lucha del proletariado.

Por el contrario, la oposición entre la burguesía media y la monopolista, siendo muy importante en algunas circunstancias, no puede determinar ningún cambio social en España, ya que el dominio que la segunda ejerce sobre la primera se asienta sobre la explotación en común de los trabajadores. Tampoco la pequeña burguesía, a pesar de la situación crítica de una parte de ella bajo el actual sistema social y a pesar de su indudable capacidad de lucha, tiene ya fuerza suficiente, ni la tendrá en el futuro, para cambiar por sí sola el rumbo político y social de este país.

Entre la burguesía media y el proletariado hay una relación de explotador a explotado. Pero incluso en la lucha económica, esta contradicción queda en general supeditada a la que existe entre el proletariado y la burguesía monopolista, en la medida en que es ésta junto con el Estado quien impone principalmente los precios, salarios, etc. En el aspecto político, la contradicción radica en el temor de la burguesía media a la revolución y se pone en evidencia, por ejemplo, en situaciones de lucha por las libertades, cuando esta clase intenta utilizar la fuerza de los trabajadores para mejorar su posición respecto a la burguesía monopolista y, al mismo tiempo, evitar el desbordamiento por su izquierda. También en este caso, la relación entre burguesía media y clase obrera suele depender de la correlación de fuerzas entre ésta última y la burguesía monopolista.

¿Por qué la contradicción principal es entre burguesía monopolista y proletariado, y no entre el conjunto de la burguesía y el proletariado? Porque esta última contradicción no refleja la diferenciación neta entre los monopolistas y el resto de la burguesía y el hecho de que los primeros detenten lo esencial del poder.

La contradicción entre el conjunto de la burguesía y el proletariado es secundaria desde el punto de vista de la lucha por cambiar la sociedad española en este período histórico concreto. Ahora bien, considerando la transformación revolucionaria de España en su conjunto, a través de sucesivas etapas, entonces esta contradicción sí desempeña un papel principal o fundamental, o sea, no es posible resolver ninguno de los grandes problemas que hoy atenazan España sin avanzar al mismo tiempo hacia la completa emancipación de la clase obrera, eliminando, primero, el poder de la burguesía monopolista, edificando, luego, el socialismo.

Los conflictos dentro de la burguesía monopolista se manifiestan en luchas por el control de las instituciones centrales del Estado, porque éste tome una u otra forma y por imponer tal o cual orientación a la política exterior española. El detonador de esos conflictos suele ser la lucha de las demás clases y los cambios en la situación mundial, aunque, a veces, estos dos factores tienen una influencia secundaria, como se vio en el frustrado golpe de Estado de 1981.

Por lo tanto, sólo el primer grupo de contradicciones, que oponen la burguesía monopolista y el imperialismo al resto de clases fundamentales, afecta de lleno la naturaleza del poder en España. Su resolución es indispensable para transformar la sociedad española, lo cual entraña la desaparición como clase de la burguesía monopolista. El segundo grupo, en el que cabe destacar, sobre todo, la oposición entre la burguesía media y el proletariado, se refiere principalmente a la pugna entre las clases dominadas por hacer prevalecer la influencia de una u otra en su conflicto con los monopolistas y el imperialismo. Mientras las contradicciones del tercer grupo pueden acarrear cambios de régimen, mayor o menor dependencia externa, sin alterar la naturaleza del Estado.

Además, siendo la oposición del proletariado a la burguesía monolista y al imperialismo la principal contradicción social, el acceso al poder de la pequeña burguesía y la burguesía media es unicamente posible en la medida en que el proletariado conquiste una posición dominante en la sociedad.

En concreto, el paso del poder a manos del proletariado, el semiproletariado, la pequeña burguesía, la burguesía media y los grupos sociales afines a esta clases, es lo que, emplenado la terminología de Jose Diaz, podríamos llamar revolución democrática de nuevo tipo, capaz de edificar un Estado sin los terribles lastres del que hoy existe y de abordar los cambios económicos y sociales que, según vimos, determinan una etapa de transición entre el capitalismo y el socialismo.

La democracia de nuevo tipo se enfrentaría a tres grandes tareas:

* Abolir la opresión y la explotación o la expoliación económicas que sufren las clases trabajadoras en manos de la gurguesía monopolista, pero que también afectan en distinto grado a la burguesía no monopolista.

* Poner fin al vaivén entre terror de masas y democracia que es una constante en la historia reciente de este país; dar plena satisfacción a las aspiraciones mayoritarias de las nacionalidades periféricas; acabar con el protagonismo militar; reducir la Iglesia católica a simple; asociación religiosa; lograr que el Estado sea una máquina administrativa eficaz para el progreso económico y social de España; y estar en condiciones de resistir a las intromisiones, chantajes o agresiones de cualquier gran potencia.

* Orientar la economía a la satisfacción de las necesidades sociales, alcanzando un ritmo de crecimiento sostenido y equilibrando los distintos sectores y ramas; conquistar una independencia económica compatible con la necesaria vinculación con el resto del mundo y de Europa en particular; promover la transformación y modernización de las pequeñas y medianas empresas y explotaciones agrarias; avanzar hacia el pleno empleo; empezar a corregir los desequilibrios territoriales y entre campo y ciudad, y preservar los recursos naturales, sobre todo los más difícilmente recuperables.

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1 comentaris:

angels ha dit...

Com sempre, Ferran, una anàlisi brillant i que comparteixo. Una abraçada!